El cine estereoscópico, por Serguéi Eisenstein

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En 1948, Serguéi Eisenstein escribe uno de sus últimos textos antes de fallecer. Se trata de un artículo en el que exalta al cine 3D. Se llamaba Stereokino y lo consideraba una forma de arte en la que todos los géneros se fusionarían.

Eisenstein reconoce el potencial del medio luego de ver Robinson Crusoe, el primer drama estereoscópico que podía verse sin anteojos especiales de Semyon Ivanov, proyectado en Moscú en febrero de 1947. Pero no se interesó por el filme en sí sino en la concepción del cine estereoscópico como la culminación de todo aquello a lo que el cine y el teatro venían apuntando desde hace más de mil años: romper la barrera entre el público y las actuaciones.

Eisenstein habla de crear una realidad virtual pero no en el sentido de generar amplias imágenes panorámicas, sino en la búsqueda de crear imágenes tan poderosas en su plasticidad y movimiento, que pueden descolocar a la audiencia de lo que les rodea para meterse en el espacio del film estereoscópico. Considera que es un medio que tiene la capacidad de unir a la imagen y al espectador psicológicamente. Una imagen (y un sonido) que saldría de la pantalla y abundaría la sala.

Eisenstein concluye su artículo de la siguiente manera:

No hay porque temer el avance de esta nueva era, y menos aún de reírsele en la cara, como nuestros antepasados rieren al arrojar puñados de lodo sobre las primeras sombrillas.

Debe prepararse un lugar en la conciencia para el arribo de nuevos temas, que, multiplicados por las nuevas técnicas, exigirán nuevas estéticas para la expresión de los mismos en las maravillosas creaciones del futuro. Abrirles el camino es una tarea grande y sagrada, todos los que se atrevan a llamarse a sí mismos artistas están convocados a contribuir a su realización.

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