Jiri Trnka

Jiri Trnka fue un ilustrador, escenógrafo y director de películas de animación de origen checo. Además de por su extensa carrera como ilustrador, es conocido sobre todo por su trabajo en la animación con marionetas, oficio que ejerció de manera magistral desde 1946.En su haber tiene más de veinte películas, entre ellas seis largometrajes, que consagraron lo que luego se denominó «estilo checo» de animación. Hasta fue llamado “el Walt Disney de la Europa del Este” por su singular relevancia internacional.

En su trayectoria, le prestó gran atención a la literatura infantil, tanto en sus épocas de ilustrador como en su profesión de director. A su vez llevó a la pantalla adaptaciones de grandes obras de autores checos que durante años constituyeron tanto el desarrollo de la historia nacional como la esencia de la cultura checa

Trnka experimentó con diferentes técnicas de animación a lo largo de su carrera, sin embargo, el método con el que desplegó su mayor creatividad, y el que le dio fama mundial, fue la animación stop-motion con marionetas. En realidad Trnka no se ocupaba de la animación propiamente dicha, sino principalmente de la elaboración de los guiones, el diseño de las marionetas y el armado de las escenografías. Su estudio contaba con un equipo de animadores entre los que destaca especialmente Bretislav Pojar, quien luego seguiría una destacable carrera como director. 

Aunque antes de Trnka ya se habían realizado películas de animación con muñecos, a él corresponde el principal impulso a esta técnica, que luego sería utilizada en muchos lugares del mundo. A diferencia de lo que se había hecho anteriormente, Trnka prefirió no alterar la fisonomía de los muñecos con elementos postizos para denotar sus emociones, sino mantenerla inmutable consiguiendo su expresividad mediante los cambios de encuadre y la iluminación. Así es que sorprendentemente, sin levantar ni una ceja ni mover los labios, sus personajes logran transmitir un carisma y una gravedad muy peculiares. Según Pojar:

“Siempre daba a sus ojos una mirada indefinible. Con el simple giro de sus cabezas, o con un cambio de iluminación, ganaban expresiones sonrientes, o infelices, o soñadoras. Esto le daba a uno la impresión de que el muñeco escondía más de lo que mostraba, y que su corazón de madera incluso almacenaba más”

El corto culminante de Trnka, La mano (1965), es una poderosa parábola antiautoritaria sobre un artista que se ve obstaculizado por una enorme mano enguantada dispuesta a utilizar cualquier medio necesario para empujarle a crear una escultura de sí mismo.El artista al rechazar la imposición, es perseguido de forma constante por la mano, que termina induciéndolo al suicidio e, incluso, oficiando su funeral.
Este último cortometraje de Trnka se considera su testamento artístico, y una protesta contra las condiciones impuestas por el estado comunista checoslovaco a la creación libre, e incluso hay quien ha visto en ella una anticipación de la llamada
Primavera de Praga. Luego de la muerte de Trnka las copias de este film fueron confiscadas y prohibidas de ser exhibidas en Checoslovaquia durante 20 años.

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