La guerra del volumen
La expresión “guerra del volumen” se refiere a la tendencia de la industria musical a aumentar progresivamente la sonoridad percibida de las grabaciones, mediante técnicas de producción y masterización que reducen su rango dinámico.
Al presentarse dos sonidos iguales, pero uno con mayor volumen, el más fuerte puede percibirse de mayor calidad o impacto. Esto es así porque a mayor nivel de presión sonora, percibimos un rango más amplio de frecuencias. Es por eso que comenzó a buscarse un mayor nivel de volumen en las grabaciones, para que mantuvieran su presencia en distintos dispositivos y ambientes de escucha.
Esta tendencia se observa particularmente en radiodifusión y discos lanzados en CD y DVD. Como la amplitud máxima de un CD está limitada, el volumen general puede ser incrementado reduciendo el rango dinámico.
Para lograrlo, se utilizan herramientas como compresores y limitadores. Se incrementa el volumen de las partes bajas, mientras que los picos más altos son reducidos o limitados. Esto logra, en casos extremos, la distorsión o recorte de la forma de onda de la grabación.
Al comprimir el audio y elevar los decibeles de esas partes que suenan bajo se logra una sensación de plenitud en el sonido, pero se pierde el rango dinámico de la composición e interpretación.
Con la expansión de las plataformas de streaming, la normalización del volumen redujo la necesidad de masterizar las grabaciones a niveles cada vez más altos. Sin embargo, la reducción del rango dinámico producida durante la masterización no puede revertirse al bajar el volumen de reproducción.
Existe hoy en día una organización llamada Turn Me Up! (originada en Estados Unidos) creada por profesionales del audio que promueven iniciativas para preservar el rango dinámico en las grabaciones. Proponen que los consumidores suban el volumen de sus equipos y evitar forzar la saturación en el estudio, incitando a los artistas a respetar el dinamismo en la masterización de su música.











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